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Ictus: Qué Es, Síntomas, Tipos y Cómo Actuar para Salvar una Vida

Ictus: Qué Es, Síntomas, Tipos y Cómo Actuar para Salvar una Vida

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El ictus, también conocido como infarto cerebral, embolia o accidente cerebrovascular (ACV), representa una de las emergencias médicas más graves que podemos enfrentar.

En España, cada 6 minutos se produce un ictus, una cifra que debería alarmarnos a todos. 

Esta enfermedad constituye la primera causa de mortalidad en mujeres españolas y provoca aproximadamente 40,000 muertes anuales en nuestro país.

La frase «el tiempo es cerebro» resume perfectamente la urgencia de esta situación. 

En este artículo descubrirás qué es exactamente el ictus, sus tipos, los síntomas que debes reconocer inmediatamente, los factores de riesgo que puedes controlar y el protocolo de actuación que puede salvar una vida.

El ictus es una enfermedad cerebrovascular que se produce cuando los vasos sanguíneos del cerebro se rompen u obstruyen, provocando una reducción crítica del flujo sanguíneo cerebral.

Como consecuencia directa, las células nerviosas dejan de recibir oxígeno y nutrientes esenciales, cesando su funcionamiento. 

Lo más alarmante es que la muerte neuronal comienza en cuestión de minutos, convirtiéndo cada segundo en vital para el pronóstico del paciente.

Las cifras son contundentes: en España se registran 120,000 casos nuevos cada año, mientras que en Europa el ictus causa 650,000 muertes anualmente.

El riesgo aumenta significativamente a partir de los 55 años, y los estudios revelan que el 21% de las personas mayores de 60 años se encuentran en alto riesgo de sufrirlo. 

La Organización Mundial de la Salud proyecta que, en 2050, casi la mitad de los mayores de 65 años podrían experimentar un ictus en algún momento de su vida.

¿Qué es el Ictus?

El ictus isquémico es el más frecuente, representando entre el 85% y 90% de todos los casos. Se produce cuando una arteria cerebral queda obstruida por un coágulo o trombo, limitando parcial o totalmente el flujo sanguíneo.

Esta obstrucción impide que el oxígeno llegue adecuadamente al tejido cerebral.

Las causas principales incluyen la formación de coágulos sanguíneos y la acumulación de placas de ateroma en las paredes arteriales, que estrechan progresivamente los vasos hasta provocar su obstrucción completa.

Aunque menos frecuente, apareciendo en el 10-15% de los casos, el ictus hemorrágico suele ser más grave.

Ocurre cuando un vaso sanguíneo (vena o arteria) se rompe dentro del cerebro, causando una hemorragia que impide que el oxígeno llegue a las neuronas.

La muerte celular se produce en pocos minutos, y este tipo de ictus presenta una mayor tasa de mortalidad y complicaciones que el isquémico, requiriendo intervención médica inmediata y especializada.

El ictus se desarrolla muy rápidamente en la mayoría de casos, y la lesión cerebral puede establecerse en cuestión de minutos.

Paradójicamente, los síntomas frecuentemente pasan desapercibidos o se minimizan, por lo que la aparición repentina de cualquier manifestación debe ser la clave para activar la alarma.

Los síntomas varían según el área cerebral afectada, pero los más característicos incluyen:

  • Hormigueo o debilidad súbita en la cara, brazo o pierna, especialmente en un lado del cuerpo
  • Dificultad del habla, ya sea para hablar, leer o entender lo que otros dicen
  • Problemas visuales repentinos, con distorsión en uno o ambos ojos
  • Dolor de cabeza intenso que aparece súbitamente sin causa aparente
  • Pérdida de equilibrio, con coordinación afectada y mareos inexplicables

El reconocimiento inmediato de estos síntomas es crucial. Cada minuto que transcurre sin atención médica significa la pérdida irreversible de millones de neuronas.

Si el tratamiento se administra en la primera hora desde el inicio de los síntomas, la recuperación puede ser casi total. Por ello, ante cualquier señal de alarma, es imperativo llamar al 112 inmediatamente.

El Código Ictus es un procedimiento de actuación sanitaria prehospitalaria diseñado para el reconocimiento precoz de signos y síntomas, permitiendo la priorización de cuidados y el traslado inmediato del paciente.

El objetivo temporal es claro: menos de 2 horas desde el inicio de los síntomas hasta la llegada al hospital, idealmente menos de 1 hora desde el aviso hasta la llegada hospitalaria.

Este protocolo garantiza el traslado a un hospital con Unidad de Ictus especializada, donde se puede administrar terapia de reperfusión.

La Estrategia Nacional de Ictus del Sistema Nacional de Salud, implementada hace más de 10 años, ha demostrado que los pacientes tratados por neurólogos desde el primer momento tienen posibilidades de recuperación casi total.

La buena noticia es que el 80% de los ictus se pueden evitar controlando adecuadamente los factores de riesgo. Aunque uno de cada seis personas sufrirá un ictus en su vida, menos de un tercio de los pacientes tiene sus factores de riesgo bajo control.

Los principales factores de riesgo modificables son:

  • Hipertensión arterial: el 67% de pacientes con ictus tienen hipertensión, que multiplica por 5 el riesgo de sufrirlo.
  • Hiperlipidemia: los niveles elevados de colesterol han incrementado los casos de ictus en España significativamente.
  • Diabetes: aumenta considerablemente el riesgo de ateroesclerosis y frecuentemente aparece junto a otros factores de riesgo.
  • Tabaquismo: incrementa el riesgo de ictus entre 2 y 4 veces, y el de enfermedad carotídea hasta 5 veces.
  • Fibrilación auricular: afecta al 1% de la población general y al 10% de los mayores de 75 años, con un riesgo anual de ictus del 3-5%.

Otros factores importantes incluyen la obesidad, el sedentarismo, una nutrición deficiente, el alcoholismo y la apnea del sueño.

Factores de Riesgo del Ictus

Existen tratamientos preventivos eficaces, aunque preocupa que el 40-50% de los enfermos abandone el tratamiento tras 2-3 años, aumentando dramáticamente el riesgo de un segundo evento.

Los medicamentos preventivos incluyen estatinas (reducen un 30% la mortalidad global y tienen efecto neuroprotector), anticoagulantes para personas con fibrilación auricular mayores de 75 años, antihipertensivos y antiagregantes plaquetarios.

Los hábitos saludables son igualmente cruciales: abandonar el tabaco, controlar el colesterol y la diabetes, cumplir rigurosamente con los tratamientos prescritos, evitar el consumo excesivo de alcohol, controlar la presión arterial (especialmente con antecedentes familiares), realizar ejercicio físico regular y seguir una alimentación mediterránea.

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